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Efectos de la política arancelaria de EEUU: Un problema que tan solo comienza en los países afectados y en la misma economía de EEUU

Fuente: elceo.com

Cuando Donald Trump asumió su segundo mandato en enero de 2025, pocos esperaban que sus promesas arancelarias desencadenarían una reconfiguración legal y económica que aún hoy, en abril de 2026, sigue definiendo el comercio global. Lo que comenzó con aranceles del 25% a México y Canadá (10% a la energía canadiense) y un 10% a China, invocando la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA), ha derivado en un escenario complejo: la Corte Suprema declaró esos aranceles inconstitucionales en febrero de 2026, aunque el gobierno implementó nuevas tasas bajo otras figuras legales. Este artículo analiza las consecuencias concretas de estas políticas durante los primeros cuatro meses de 2026, con datos y ejemplos prácticos.

Para México, el saldo en 2026 es paradójicamente favorable si se mide por flujos comerciales, aunque teñido de incertidumbre. El dato más revelador es que, para febrero de 2026, el 86.3% de las importaciones desde México y Canadá ingresaron a Estados Unidos bajo la protección del T-MEC, lo que les permitió eludir los aranceles más altos. Una planta de autopartes en Guanajuato que vende a Detroit, por ejemplo, se ha beneficiado de esta exención, manteniendo precios competitivos frente a sus pares asiáticos. Sin embargo, la amenaza constante de nuevos gravámenes ha frenado inversiones a largo plazo, y el tipo de cambio peso-dólar ha mostrado una volatilidad inusual que erosiona la previsibilidad para los exportadores.

Canadá, por su parte, ha sufrido un impacto más severo y sostenido, incluso con las exenciones del T-MEC. A pesar de que el arancel del 10% a su energía fue el más bajo, la incertidumbre generó una contracción del 16.1% en sus exportaciones de materias primas industriales como el acero y el aluminio durante el primer semestre de 2025. Este año, aunque las cifras se han estabilizado, el daño colateral es evidente: una empresa maderera de Columbia Británica que exporta tablones a California ha visto cómo sus precios dejan de ser competitivos frente a ofertas de Oregón. El gobierno canadiense mantiene sus aranceles de represalia del 25% a productos estadounidenses como el whisky bourbon y las naranjas de Florida, una medida que ya está afectando a los agricultores del sur estadounidense.

China sigue siendo el país más golpeado por la política arancelaria de Trump, con tasas efectivas que alcanzaron el 31.6% en febrero de 2026. Un fabricante de paneles solares en Shenzhen que solía vender barato en California ha visto desaparecer su ventaja competitiva, obligándolo a reconvertir su producción para mercados en África y Sudamérica. Las exportaciones de automóviles chinos a Estados Unidos colapsaron un 70%, mientras que los componentes automotrices cayeron cerca del 39%. Pekín respondió con aranceles a productos agrícolas estadounidenses y ha diversificado agresivamente sus socios comerciales, pero el daño a sus industrias manufactureras ya es profundo y estructural.

En paralelo, las empresas han perfeccionado el arte de la evasión arancelaria, un fenómeno que se ha intensificado en 2026. Un productor de electrónicos en Guangdong, por ejemplo, ahora envía sus componentes a plantas de ensamblaje en Vietnam, Tailandia o incluso México, donde se reetiquetan como productos locales para ingresar a EE. UU. sin pagar los aranceles chinos. Esta desviación del comercio ha hecho que las importaciones estadounidenses desde Vietnam se disparen, mientras que los datos oficiales muestran una caída récord en los envíos directos desde China. La administración Trump ha intentado cerrar estos vacíos legales, pero la industria siempre parece ir un paso adelante.

El frente legal ha dado un giro inesperado que define el panorama de 2026: la Corte Suprema declaró inconstitucionales los aranceles IEEPA, ordenando al gobierno reembolsar aproximadamente 166 mil millones de dólares a los importadores que los pagaron. Esto ha generado una situación paradójica: empresas como Costco, Walmart y FedEx pueden recibir miles de millones en reembolsos, aunque muchas de ellas ya trasladaron el costo a los consumidores mediante precios más altos. El gobierno de Trump, presionado, implementó nuevas tarifas bajo la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, que establece un arancel global del 10% y mantiene tasas del 50% al acero y aluminio, entre otros productos.

Los consumidores y la economía estadounidense han pagado el precio más alto de esta guerra. Según datos del Comité Económico Conjunto, los aranceles le han costado a la familia estadounidense promedio 1,700 dólares en pérdida de poder adquisitivo durante el último año. Un ejemplo cotidiano: los precios de la carne de res han subido un 16%, el café casi un 20%, y construir una vivienda cuesta hoy 20,000 dólares más debido a los gravámenes a la madera canadiense y al acero. En lugar del prometido renacimiento industrial, Estados Unidos ha perdido cerca de 100,000 empleos manufactureros desde enero de 2025, según estimaciones independientes. La inflación repuntó y la confianza del consumidor cayó a mínimos no vistos desde 2014.

El panorama hacia adelante es incierto, pero las tendencias son claras. El gobierno de Trump ha amenazado con nuevos aranceles bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, que podrían entrar en vigor en julio de 2026, manteniendo viva la amenaza de una escalada. Mientras tanto, ni México ni Canadá han logrado desactivar por completo la presión comercial. El saldo hasta abril de 2026 es el de un mundo más fragmentado: cadenas de suministro más caras y complejas, alianzas tensas, y una lección recurrente: en el comercio global del siglo XXI, los aranceles son un arma que rara vez hiere solo al adversario declarado.

Aunque los aranceles pueden ser útiles en ciertas situaciones, Trump sobreestima su capacidad para resolver múltiples problemas económicos a la vez. Sus objetivos son a menudo incompatibles, y la implementación de aranceles masivos podría tener consecuencias negativas para la economía estadounidense, incluyendo precios más altos para los consumidores y tensiones comerciales con otros países..

Los próximos meses serán cruciales para analizar la efectividad de estas políticas arancelarias en la economía de Estados Unidos y las consecuencias que tendrán en todos aquellos países que son sus socios comerciales tradicionales o no.